Para Juan y los demás

* El hombre del piano – Ana Belén

Hace demasiados meses que no veo a Juan. Nos conocimos hace ya cuatro años. Él me suministraba a diario el necesario chute de cafeína para echar a rodar con lucidez y sin legañas en las ondas. Doble solo. En verano con hielo. Café para dos

Regentaba el primer bar que había entre el parking donde aparco a diario después de recorrer los 50 kilómetros que me separan de mi dulce hogar a mi trabajo. Un bar sencillo, de barrio, con el nombre de la calle en la que estaba ubicado, Teatro.

Se presentó él, después de visitar en solitario el bar a la misma hora durante una semana. Enseguida se aprendió mi comanda. Ya sólo tenía que saludarlo. Yo creo que con el compás de mis tacones, él ya estaba colocando la taza blanca en su vieja cafetera. Se le notaba que llevaba tiempo lidiando en la barra.

* Clavado en un bar – Maná

Primero supe su nombre. Tenía don de gentes. Extrovertido e informal. Luego él supo el mío y también donde trabajaba. Él era de San Adrián, yo de Logroño. Nos conocimos en Calahorra.

Pasaron unos cuantos litros de café hasta que supe que acababa de ser padre con su segunda mujer. Tenía una hija adolescente y ahora un bebé. En aquel entonces le eché unos cuarenta y muchos. Su mujer era joven, latina.Centrista

* Tras la barra – Platero y Tu

Y paso un año. Café, periódico, magdalena, café, periódico, hola, magdalena, el tiempo, el Real Madrid, café, galleta, periódico. Y llegaron las primeras fiestas de la ciudad. Ese día el bar estaba lleno. Eran las 8 y 37 minutos de la mañana y Juan todavía no había ido a casa. Pensé en su hijo, también en su mujer. Estaba afónico, mezcla de tabaco, hielos, alcohol y unas cuantas canciones al viento. Ese día le presenté a mi marido y mi hijo. Le había hablado de ellos. Nos invitó, como creo que al resto de la decena de personas que estaban en el bar. Los siguientes seis días festivos Juan siguió con el mismo plan laboral. Volví a pensar en su hijo y en su mujer. IMG_7033

* Cerrando bares – Café Quijano

Y entramos en pormenores. Yo le hablé de mi situación laboral. Él de algunos de sus problemas, sus vicios. No le quedaba palo que tocar. El alcohol era un hecho, el tabaco un gasto compartido. Me contó que en cierta ocasión tuvo que limpiar una de las paredes de la ciudad como multa por un altercado callejero. Las de tráfico las amontonaba junto a la caja registradora. En el bar coincidíamos siempre los mismos. Los de traje eran tres. Dos cortados y un solo con sacarina. Trabajaban en la caja entonces, ahora banco, a la vuelta de la esquina. A veces se dejaba caer un hombre, parecía jubilado. Conocía a los del banco. Había trabajado con ellos. Ahora vivía de unas buenas rentas. Vivimos con él su recuperación de una operación de rodilla. Con todos ellos, Juan hablaba de otras cosas: las mujeres. A Juan le perdían las mujeres. Les reconocía casi a diario que la noche anterior, tras cerrar el bar a eso de las doce de la noche, se dejaba caer por cierto club. Yo mientras bebía mi segundo trago de los cuatro que tenía mi café y leía cómo nuestra querida Comunidad luchaba #mejorquelamedia. Pero el oído que me quedaba libre escuchaba con disimulo. Volvía a acordarme ahora de su primera mujer, de la actual, de su hija adolescente y de su bebé.

A Juan no le iba bien el bar. Era prácticamente el único negocio que permanecía abierto en aquella céntrica calle. El de al lado era una tienda de máquinas de coser. Y el Teatro que tenía abierto enfrente, cada vez abría con menos frecuencia sus puertas. Los que entraban al espectáculo de turno, en su mayoría, iban cenados y meados de casa.

Con Juan sufrí la llegada de la ley antitabaco. Le costó. Algún que otro cigarro se colaba dentro de su local. Al tiempo acabamos tiritando juntos a las puertas del bar.

Cierto día, al girar la esquina, vi la verja cerrada. En mi descanso, tres horas después, me asomé, estaba abierto. Juan se había dormido. Y así pasaron unos días. Juan se empezó a dormir a menudo. Los del banco, el jubilado y yo nos empezamos a juntar esos días en otro bar. Eramos clientela fija, pero no suficiente. Juan se disculpaba.

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Cierto día, al girar la esquina, vi la verja cerrada y un cartel de “se alquila” Era lunes. Juan no había dicho nada. Y yo pensé en su mujer, en su hija adolescente, en su bebé y en Juan ¿Dónde estaba Juan? ¿Qué le había pasado?

* El emigrante – Celtas Cortos

Ahora es Esteban el que me sirve mi solo a un euro. A los demás a un euro y diez céntimos. También es del Madrid, o algo más. Su bar es la sede de la peña madridista de Calahorra ¡toma ya! También hay magdalenas o bizcocho y, por supuesto, periódico. Aunque aquí se cotiza al alza. Esteban tiene más clientela fija. Los de banco, otro jubilado, un soltero, una señora mayor, uno de la construcción y yo. Alguna vez se deja caer hasta una cuadrilla de chavales que aprovechan la gran sala de juegos para hacer pira.Ramos

Pero yo echo de menos a Juan.

Cierto día, al girar la esquina para ir a comprar al estanco, me lo encontré. Estaba sin afeitar. Enseguida me saludó. Venía de hacer papeles en el banco. Se le notaba dejado, apagado y hasta hundido. Le iba francamente mal. Su mujer le había denunciado. Le había dejado. Ya no podía ver a su bebé. Ahora vivía con sus padres, ya mayores, en San Adrián.Icaro-en-el-Empire-State-Building5

* Se acabó – María Jiménez

Unos meses después le volví a ver. Tenía prisa. Me esquivó. Alzó su cabeza y siguió. Seguía sin afeitar. Juan había tocado fondo. Se le notaba en la mirada.

Hace un año que no veo a Juan. Me acuerdo todos los días de él al girar la esquina y pasar por su verja que continúa desde entonces cerrada. Al lado han abierto un kebab. Sólo ha durado abierto la semana de fiestas. No entraba ni el tato ni los del teatro.

* No puedo tenerme en pie – Entredientes

No sé qué es lo que le ha pasado a Juan. No sé si fue el alcohol, el tabaco, las drogas o el rock n roll pero seguro que esta maldita y asesina crisis en nada le ayudó.

Con su recuerdo, el de otros que ni siquiera me atrevo a nombrar. Ellos se fueron, no quisieron luchar. Espero que no haya sido la decisión que también haya tomado Juan.

Stronger – Kelly Clarkson

Aún nos queda un #cafependiente Seamos nosotros los que encendamos esa luz al final del túnel.

* Let Her Go – Passenger

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